Alixon Navarro Muñoz

18 nov 2012

En Barrancabermeja, tierra de la pollera de colorá


‘Primero fuimos río y luego cultura industrializada del petróleo’
Corregimiento El llanito - Barrancabermeja

Barrancabermeja fue, ha sido y es agua. Agua que ha servido de medio para el germinar las colonias y culturas a lo largo del rio Arlí, Yuma o Magdalena como lo conocemos.

Antes de empezar, solo quiero remitirlos visual e imaginativamente a los ‘bailes cantaos de la Magdalena’, aquellos ritmos identificados por la cadencia del llamador, la tambora, el guache, las gaitas macho y hembra o en su defecto una acuciosa ‘flauta ‘e millo’. Hagan ya el intento, de traer a sus mentes la imagen una comunidad entera iluminada por las velas sostenidas en sus manos y las polleras alzadas a más de media cintura en un juego danzario que nos remite, si bien es cierto a la costa caribe, pero que en Santander también tiene su pedacito. Que mejor ciudad para vivirlo que Barrancabermeja la ciudad pluricultural sui-generis del departamento.

De las montañas y los terruños ambientados por bambucos e  imponentes montañas, me fui para el valle del Magdalena Medio, donde aún habitan especies originales como las garzas morenas, el pato yuyo, las iguanas, el lobo pollero, las guartinajas, caimanes y eso si, un sinnúmero de pescados ricos en fósforo que han hecho las delicias de los paladares barranqueños.

Y es que es cierto, somos, (y lo digo así, porque mi sangre es de allá orgullosamente) una mezcla de muchas raíces, sobre una raíz única originada en los Yariguíes. Es más, según el profesor e investigador  Rafael Velásquez, antes de  este grupo étnico que se denominaba realmente ‘Yareguíes’ existieron otros pobladores aborígenes, los pre-Yareguíes, cazadores recolectores y alfareros de cuyas piezas, hay valiosas evidencias, elaboradas manualmente y que ahora son objeto de múltiples estudios.

Pero si les voy a contar sobre mi paso por Barrancabermeja, con detenimiento les reseñaré que antes de ser capital de la industria petroquímica de Colombia con la sede principal de la empresa que mueve al país, Ecopetrol, Barrancabermeja fue, ha sido y es agua. Agua que ha servido de medio para germinar las colonias y culturas a lo largo del rio Arlí, Yuma o  Magdalena como le conocemos, luego de su descubrimiento por Gonzalo Jiménez de Quesada.

Aquí van un par de datos que me parecen curiosos; el primero es que a la llegada de los españoles los indios Yareguíes se untaban sobre la piel un líquido viscoso de color oscuro para efectos casi medicinales y hasta para evitar que la bandada de mosquitos los picaran, tal líquido que ellos llamaban brea o chapapote, tenía propiedades curativas contra el cansancio y como rubefaciente, desconociendo que este sería el motivo de la más fuerte colonización sobre las tierras bermejas. Un dato adicional, tierras bermejas por el color rojizo del suelo que se pisaba.   

El siguiente dato hace referencia a que Pipatón no fue el único cacique importante de esta etnia aborigen, es verdad que fue un gran guerrero a quien le mataron su mujer Yarima, pero era más bien un cacique de mando medio-alto que junto a los demás se resistió al mestizaje y a ser sacados de su tierras, solo que la fuerza de la madre patria pudo más y terminaron por ser exterminados. Pero fue la única etnia en Santander que se resistió de tal forma, incluso por encima de los Guane y los Chitareros.

A través del agua y por el petróleo llegaron
Con el petróleo llegó el progreso y la gente de diferentes regiones del país. Las colonias de Tamalameque, Chilloa, El Banco, entre otras se asentaron en Barrancabermeja; y  a  ellos se le sumaron las colonias de las sabanas de Sucre, Córdoba y Bolívar y sumados a ellos llegaron también los paisas, los caleños y muchas otras culturas, desde luego todos contagiados por la fiebre del oro negro que prometía progreso e ilusiones de un mejor futuro.

Pero aquí viene lo mejor, cada una de estas colonias llegaron con sus tradiciones propias: el bollo limpio, suero costeño o atollabuey, el bullerengue, la tambora, el fandango y los aires pelayeros hicieron cuna en Barranca mayoritariamente y es así como en esta tierra se respira un  saborcito costeño, y como dirían algunos, ‘costeños de agua dulce’. 

Pero hay algo que si hemos hecho nuestro, el orgullo barranqueño y el generar colectivos comunitarios alrededor de un sancocho. Cito entonces el famoso sancocho trifásico, una deliciosa sopa con tres carnes: pescado, res, cerdo acompañado de yuca y plátano, cocinada en leña en una olla de grandes proporciones, más bien parecida a olla de batallón; a la hora servir que mejor que con  varias cucharadas del sabroso y cremoso suero atollabuey… ¿Apetitoso cierto?   

Aquí insisto, uniéndome a unas palabras de acento caribe del docente  universitario, biólogo e investigador Silvio Daza,  primero fuimos rio, tagua, quina; fuimos bocachico, coroncoro y luego cultura industrializada del petróleo; a propósito el coroncoro es un particular pescado de poca carne  y con una cara nada agradable, eso sí de gran sabor y cuyo consumo es altamente fructífero para quienes quieren hacer la tarea y contribuir con la cuota de traer al mundo hijos sanos y fuertes, sin tomar emulsión de Scott.

Hago constancia que  el dato anterior no lo dijo Silvio Daza, lo dice el común de los pescadores de El llanito reunido en APAL, asociación de pesca artesanal de El llanito, encabezada por don Juan Tercero Gamarra hombre ribereño que ha hecho su vida en los espejos de agua que rodean a Barrancabermeja.

Y si  ustedes tienen la oportunidad de volar sobre Barrancabermeja puede tener constancia que esta cálida tierra, progresiva, llena de valores, es una tierra rica como quiera verse, rodeada por agua pero por debajo hierve el chapapote que en otrora se untaban los indios y que ahora es base de la economía nacional, generadora de empleo y desarrollo.

No obstante sin ser alarmista, el petróleo no es para siempre, no es renovable y si se llega a extinguir, queda el agua, el rio y las ciénagas  que son también otra fuente importante de ingresos, de transporte, de turismo, solo que esta idea tal vez no ha sido tan bien pensada.  

Así como inicié metiéndolos mentalmente en un ritmo de ‘baile cantao de la Magdalena’, así mismo quiero despedirme con otro aire que se escucha mucho, que fue adaptado por la banda insignia de Barrancabermeja, la Banda 26 de abril que dirige el maestro Silvio Doria, quién junto a sus músicos de primera talla llevó la pollera colorá a Francia, colocando la agrupación entre las mejores del mundo… “¡Ay! al son de los tambores esa negra se amaña, y al sonar de la caña, va brindado sus amores; es la negra Soledad la que goza mi cumbia, esa negra zaramulla, oye caramba, con su pollera colorá por  eso le digo mi negrita goza oye caramba, con su pollera colorá…”    

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